jueves, 2 de diciembre de 2010

Los tejados se tiñen de blanco

Me gusta mojarme. Me gusta que me caiga un chaparrón encima y no llevar paraguas. Me gusta que nieve, no sé como las nubes pueden soltar cosas tan bonitas, y tan diferentes. Acabo de ver un copo en forma de corazón, otros dos juntándose a medio camino, otro más grande caer mucho más rapido y otro pequeñito girando al compás de sus compañeros. Tambien vi a unos cuantos haciendo equilibrios sobre una farola, no querían caer. Y si miro hacia arriba, veo un millón de moscas dando vueltas desorientadas, que a los pocos segundos se conviertes en una de estas bailarinas diferentes cada una a la siguiente, pero a la vez, tan iguales... El ser humano es una cosa más en todo este mundo, y nos creemos que tenemos el control de todo. Y una simple nevada, cubriendo todo del blanco más bonito y dejando el entorno como los Alpes de Heidi le ablanda hasta al más duro el corazón. A todos nos apetecería una estufa, un chocolate calentito y alguien a quien querer, como esos copos de nieve que se juntan antes de su agonioso final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario