martes, 14 de diciembre de 2010

Abuelo.

No sé porque te estoy echando tanto de menos, quizás sea la mierda esta de la navidad que me recuerda todos esos días cuando estábamos juntos, o igual que hoy me volvieron a hablar de ti y yo solo puedo poner una sonrisa. No sé cuanto se acuerda de ti la gente, pero yo me siento mal por hacerlo tan poco. Era una enana cuando te fuiste, no sabía que te quería tanto. Tú fuiste el que me enseño casi todo, me enseñaste a reír, me enseñaste a jugar, a hacer trampas y a no preocuparme por nada. Me enseñaste a levantarme cuando me caía y a buscar cosas buenas para todo. Si se me rompía un muñeco tú siempre me decías que ahora podía arreglarlo, y ya tenía algo que hacer. Eras el único que no me reñía cuando me lo cargaba todo, y jamás me voy a olvidar de esos últimos paseos por el pasillo que dimos. Antes íbamos más lejos, y yo no entendía por qué ahora ya no podíamos ir hasta el puerto como antes, o ya no me bajabas a jugar con el perro o a ver e caballo. Ya no entendía por qué dejaste de tener esos animales que tanto me gustaban, por qué lo dejaste todo y no sabía para qué valían esos tubos. Pero siempre te ponías muy triste cuando me mandabas a por ellos. Ni cuando me lo explicaron lo supe, es una tontería tomar oxígeno en botellas. Cada vez que te reías de mi y me decías a mi primo y a mí que Florentino era un idiota, que teníamos que ser del Barça o del Depor, y nosotros no te hacíamos caso. Por todos esos recuerdos que tengo, cuando desayunaba en tu casa y me esperabas para que acabara yo primero mi tazón de leche porque sino me enfadaba, y cuando me contabas todas esas historias en el que te creía el mayor héroe del mundo. Gracias por hacerme soñar y gracias por cuidarme tanto. Tú siempre supiste que te necesitaba más que ningún otro, siempre me quisiste de otra manera aunque me vieras menos que al resto; te acordaste de mí al final de todo cuando ni me reconocerías. Me duele que las últimas imágenes que tenga contigo sea cogiéndote las pastillas, o llevándote de la mano hasta tu habitación porque tú solo no podías... Pero no tengo ni un solo mal recuerdo tuyo, ni uno... Ojalá aún te tuviera aquí. Todos te echamos mucho de menos, y la abuela cada vez está peor ¿sabes? Y ella se acuerda te ti mucho. Y me habla de ti, como si nunca te conociera... Y tampoco hace tanto que no estás aquí, pero estos últimos años aprendí muchas cosas y cada vez me haces más falta. Te quiero mucho abuelo, mucho.

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