jueves, 2 de diciembre de 2010
Autoescuela de la vida.
Por la calle tanta gente. Tanta gente con tantos problemas, tantos tontos; y tantos sabios. Los sabios aparentan ser tontos, y los tontos son indiferentes. Las cosas se aprenden por los palos que te da la vida, por eso los sabios no llaman la atención, se mantienen al margen y observan cada paso disimulando todo lo posible. En cambio, los tontos hacen ruído y se hacen ver. Quieren ser el centro del mundo, y discuten. Discuten por chorradas pasajeras y jamás te dan la razón. Los tontos se fijan en lo aparentemente importante, los sabios en las consecuencias. Si te comes un helado de fresa, el tonto se fijará en la fresa. Por el otro lado, el sabio se fijará en lo reales que son esas fresas, o la cantidad de pontenciador de sabor que tienen. No hay por qué sacarle la puntilla a todo lo que pasa en esta vida, ni darle mil vueltas; pero los de barrio, los más listos lo hacen por sistema.
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