martes, 22 de febrero de 2011

Sillones ergonómicos.

Júntate un poco más, pégate bien que no corra el aire entre tú y yo. Sentirme a tu vera, protegida, sentirme querida vaya. Sentarme contigo, sentir contigo, seguir contigo, soñar contigo. Vamos, no hace falta darse prisa, una mano que encuentra a otra, unos dedos que dibujan círculos en palmas ajenas y unos centímetros de distancia que se hacen más y más cortos cada vez. ¿Y si nos los cargamos? Estaría bien, truncarlo todo, girar la vida y cambiarla de color, de tono, de matiz, de contraste. Subir la saturación para que se vea todo mucho más fuerte, no hay que esconder nada, que esta vida es muy perra y solo se vive una vez en ella. Seguir consiguiendo metas sin mirar atrás, tener la misma mano de siempre donde compartir trazos imaginarios, y apoderarse de todo el brazo de la misma persona. Tenerlo, quizás solo un trozo, pero todo tuyo; de nadie más. Seguir restando centímetros, y pasar juntos la subida del IVA. Comprar su pecho sin impuestos añadidos, y robar un trocito de su cuello. Hacer manitas, dibujar las mariposas que tienes dentro y ponerle los pelos de punta. Empezar el pacto con un beso, sutil, leve, pero inolvidable. El beso que libera una reacción en cadena de caricias, emociones y más, muchos más besos. El último de todos, ya lo decían, el beso más difícil no es el último si no el primero. ¿Olvidarlo? No iba con ellos, mejor recordarlo y mejorarlo al día siguiente y no tener que soportar la agonía de un mundo sin cariño, que al fin y al cabo, es el que te mueve día a día.

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